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domingo, 14 de octubre de 2012

Vídeo: "Esta Tierra es mía"

Con estas bonitas imágenes Nina Paley nos hace reflexionar.... Como vemos siempre terminamos igual.
¡CREO QUE YA VA SIENDO HORA DE CAMBIAR....!  No les parece


jueves, 13 de septiembre de 2012

Frei Betto. Reflexión


Al viajar por el Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tibet, en Mongolia, Japón y China.
Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos de color azafrán.
El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares, preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían.
Seguramente, ya habían desayunado en sus casas, pero como la compañía aérea ofrecía otro café,
todos comían vorazmente.
Aquello me hizo reflexionar: “¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?”
Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la mañana, y le pregunté: “¿No fuiste a la escuela?”  Ella respondió: “No, voy por la tarde.”
Comenté: “Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir hasta más tarde.”
“No”, respondió ella, “tengo tantas cosas por la mañana…”
“¿Qué cosas?”, le pregunté.
“Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación”, y comenzó a detallar su agenda de muchachita robotizada.
Me quedé pensando: “Qué pena, que Daniela no dijo: “¡Tengo clases de meditación!”
Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles.
Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio; hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías!
No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la desproporción en relación al mejoramiento del espíritu. Pienso que moriremos esbeltos: “¿Cómo estaba el difunto?”. “Oh, una maravilla, no tenía nada de celulitis!”
Pero cómo queda la cuestión de lo subjetivo? De lo espiritual? Del amor?
Hoy, la palabra es “virtualidad”. Todo es virtual. Encerrado en su habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio, sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado! Todo es virtual. Somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales. Y somos también éticamente virtuales…
La palabra hoy es “entretenimiento”; el domingo, entonces, es el día nacional de la imbecilidad colectiva.
Imbécil el conductor, imbécil quien va y se sienta en la platea, imbécil quien pierde la tarde delante de la pantalla.
Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que la felicidad es el resultado de una suma de placeres: “Si toma esta gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este auto, usted será feliz!”
El problema es que, en general, no se llega a ser feliz! Quienes ceden, desarrollan de tal forma el deseo, que terminan necesitando un analista. O de medicamentos. Quienes resisten, aumentan su neurosis.
El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista. Así, se puede vivir mejor. Para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima y ausencia de estrés.
Hay una lógica religiosa en el consumismo post-moderno.
En la Edad Media, las ciudades adquirían status construyendo una catedral; hoy, en Brasil, se construye un shopping-center.
Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de cualquier modo, es necesario vestir ropa de misa de domingo. Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, ni chicos de la calle, ni suciedad…
Se entra en esos claustros al son gregoriano post-moderno, aquella musiquita de esperar dentista.
Se observan varios nichos, todas esas capillas con venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas.
Quienes pueden comprar al contado, se sienten en el reino de los cielos.
Si debe pagar con cheque post-datado, o a crédito se siente en el purgatorio.
Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno…
Felizmente, terminan todos en una eucaristía post-moderna, hermanados en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donald…
Acostumbro a decirles a los empleados que se me acercan en las puertas de los negocios: “Sólo estoy haciendo un paseo socrático”. Delante de sus miradas espantadas, explico: “Sócrates, filósofo griego, también gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía: …”Sólo estoy observando cuántas cosas existen que no preciso para ser feliz”.

 

domingo, 27 de mayo de 2012

Precioso.... "Las Esperas" de Ismael Curbelo



Cortometraje de Ismael Curbelo ganador de la primera mención de la I edición de Canarias Rueda en Lanzarote

sábado, 26 de mayo de 2012

miércoles, 28 de marzo de 2012

29 de marzo: La Rebelión de los Esclavos



La historia se repite, salgo a la calle porque me han bajado el sueldo y quitado mi paga extra, y luego me voy al bar de cañas con la conciencia tranquila porque he colaborado a la revolución, mientras la policía reprime al pueblo, la casta política y la banca, con una sonrisa condescendiente y satisfecha, mira los informativos con una copa de champán en la mano.
Porque mientras el rebaño pida que no lo maltraten demasiado, no corren peligro, no habrá verdadera revolución. ( Del blog: No morir idiota)

"El estudio de la historia de Espartaco plantea la gran cuestión que es:

¿Son los esclavos aptos para liberarse?

Los esclavos no son aptos para liberarse porque no son seres humanos libres.

Pueden organizar rebeliones pero no revoluciones.

La revolución necesita del sujeto una calidad que en el esclavo no existe.

Vivimos en una sociedad de siervos que aman sus cadenas, y lo único que quieren es vivir bien dentro de la actual dictadura económica y política.

La calidad del sujeto es la gran cuestión. Es la cuestión clave."

Félix Rodrigo Mora


sábado, 11 de febrero de 2012

La Economía.... y algo más

"Informe Coliflor" es el título del último libro del tinerfeño, Fernando Herráiz Sánchez. En él formula preguntas como:

¿Por qué estamos en crisis? , ¿Dónde está el dinero que hasta antesdeayer corría en abundancia?

Presentimos, sospechamos... que esta crisis será el estado normal de las cosas durante bastante tiempo. Y si hemos hecho lo de siempre... trabajar, estudiar, comprar, ¿por qué ahora todo va mal?, ¿qué ha cambiado? Estamos cayendo en la cuenta de que somos juguetes en manos de fuerzas que escapan a nuestro control y que no entendemos en absoluto.El Informe Coliflor disecciona el entorno económico y pone al alcance del lector curioso alguna de las claves esenciales para comprenderlo.




¡Despierta, imbécil!

Por Rodrigo Cortés
Hace unos años hice una película que casi nadie vió. A mí me gusta llamarla CONCURSANTE, pero la gente suele añadirle un artículo que, por lo visto, le hacía falta. Como parte de su estrategia de marketing (o ausencia de ella) se diseñó una campaña viral con el nombre de ¡DESPIERTA, IMBÉCIL!, y un servidor elaboró varios teasers, pequeñas cápsulas protagonizados por Leonardo Sbaraglia, en que Martín Circo Martín, el personaje que habitó durante varios meses, lanzaba píldoras en forma de bala sobre su particular manera de procesar la realidad. En su momento, y me refiero a hace cuatro años, poco se hablaba de lo que hablaba Martín, y CONCURSANTE fue calificada por algunos de ingenua, estúpida, vacía, o, como mínimo, innecesaria, adjetivos que, a fuerza de sinceros, calzan a la perfección con mi propia existencia.
También elaboré un rabioso decálogo, un pretendido manifiesto fundacional, firmado con furia por Martín Circo, que alguien ha devuelto a mis manos esta mañana y a alguno quizá haga gracia. Como decía Lynch a través de Laura Dern en Blue velvet: “es un mundo extraño…”.¡DESPIERTA, IMBÉCIL!: MANIFIESTO FUNDACIONAL
Son tiempos oscuros, tiempos de sueño e inconsciencia, tiempos de hipnosis colectiva. Son tiempos extraños. Con entusiasmo suicida, nos entregamos en manos de imitadores de sacerdotes: políticos acéfalos y obedientes, servidores de falsos dioses, que no dudan en sacrificar víctimas inocentes a cambio de casonas reformadas con gimnasio y jardín.

Es hora de reaccionar, es hora de abrir los ojos y enfrentar la realidad. ¡Despierta, imbécil! ¡Tienes que enfrentar el mundo!

Qué es y qué no es «Despierta, imbécil»…
DECÁLOGO DEL INSOMNE
1.- ¡Despierta, imbécil! no es un movimiento político, pues abomina de la política de los seres dormidos. No es un movimiento de izquierdas o de derechas, intervencionista o liberal, es un puñetazo en la cara de los que duermen y los que quieren que durmamos, un escupitajo en el ojo de los que guían nuestros destinos, un insulto aullado al viento de los mediocres.

2.- ¡Despierta, imbécil! no es un movimiento antisistema. No llevamos jerseys gruesos de lana, ni lanzamos adoquines, ni nos embozamos con pañuelos palestinos para asaltar las hamburgueserías en que acabamos de comer. Estamos dispuestos a sacrificar nuestra propia vida para permanecer en la vigilia, sin renunciar al dolor que esto conlleva.

3.- ¡Despierta, imbécil! denuncia la gran y global estafa del sistema bancario mundial, denuncia que las reglas están amañadas, denuncia que el 90% del dinero que circula en el mundo no es real, denuncia el sistema crediticio por el que la banca cobra intereses por préstamos que no hace, ¡es dinero falso, intangibles anotaciones electrónicas, nos entregan humo a cambio de sangre!

4.- ¡Despierta, imbécil! combate la hipnosis colectiva que impide la existencia real del individuo al convertir el librepensamiento en una marca residual de marketing. ¡Somos la resistencia al rescate del individuo!

5.- ¡Despierta, imbécil! detesta la Economía oficial y las verdades impostadas de las facultades, infecciones docentes propagadas desde el núcleo de la mentira. Educan a nuestros educadores para que nos injerten el sueño falsario de un conocimiento dañino.

6.- ¡Despierta, imbécil! no cree en la igualdad automática entre los seres humanos, porque no son iguales el moral y el ladrón, el esforzado y el perezoso, el mentiroso y el honesto. Cree en el mérito personal, el esfuerzo, la conciencia y la renuncia.

7.- ¡Despierta, imbécil! se ríe de quienes quieren cambiar el mundo pero no quieren cambiarse a sí mismos. Es un movimiento de total compromiso, gestado desde la responsabilidad individual y el verdadero deseo de cambio. No nos plegamos a consignas ni fórmulas, y somos impermeables a la influencia interesada de quienes buscan el consuelo hipnótico de la falsa solidaridad. ¡Somos insomnes!

8.- ¡Despierta, imbécil! es un movimiento para los que piensan, no para los que reclaman manuales de instrucciones.

9.- ¡Despierta, imbécil! es la última oportunidad para el que se complace en ser sapiens y apenas es habilis, para el aletargado y el cómodo, para el que sueña despierto. ¡Despierta, imbécil! ¡Despierta!, ¡despierta, imbécil!

10.- ¡Despierta, imbécil! denuncia que estamos en manos de seres dormidos y reclama una reacción personal e inmediata de quienes estén dispuestos a pagar el precio de la vigilia. ¡Es preciso realizar acciones diarias de despertar, lanzar al mundo un mensaje personal y diario que cree un bando alternativo! Estamos diezmados, es una pelea desequilibrada, pero no renunciaremos al único de nuestros derechos: DESPERTAR.


Martín Circo Martín
Fundador del movimiento ¡Despierta, imbécil!


sábado, 19 de noviembre de 2011

Pensamientos de Malcolm X



"Normalmente cuando las personas están tristes, no hacen nada. Se limitan a llorar.
Pero cuando su tristeza se convierte en indignación, son capaces de hacer cambiar las cosas"

"Si no están prevenidos ante los Medios De Comunicación, les harán amar al opresor y odiar al oprimido"
(Malcolm X)

domingo, 13 de junio de 2010

Un discurso muy actual

Estos párrafos son parte del discurso de ingreso en La Real Academia Española, de Miguel Delibes en el año 1973.
El discurso se titula "El sentido del progreso desde mi obra" y a pesar de haber sido escrito hace cerca de 40 años, sigue siendo, desgraciadamente, una realidad.

A la vista de los papeles garrapateados por mí hasta el día no necesito decir que el actual sentido del progreso no me va, esto es, me desazona tanto que el desarrollo técnico se persiga a costa del hombre como que se plantee la ecuación Técnica-Naturaleza en régimen de competencia. El desarrollo, tal como se concibe en nuestro tiempo, responde, a todos los niveles, a un planteamiento competitivo. Bien mirado, el hombre del siglo XX no ha aprendido más, que a competir y cada día parece más lejana la fecha en que seamos capaces de ir juntos a alguna parte. Se aducirá que soy pesimista, que el cuadro que presento es excesivamene tétrico y desolador, y que incluso ofrece unas tonalidades apocalípticas poco gratas. Tal vez sea así: es decir, puede que las cosas no sean tan hoscas como yo las pinto, pero yo no digo que las cosas sean así, sino que, desgraciadamente, yo las veo de esa manera. Por si fuera poco, el programa regenerador del Club de Roma con su fórmula del "crecimiento cero" y el consiguiente retorno al artesanado y "a la mermelada de la abuelita", se me antoja, por el momento, utópico e inviable. Falta una autoridad universal para imponer estas normas. Y aunque la hubiera: ¿cómo aceptar que un gobierno planifique nuestra propia familia? ¿Sería justo decretar un alto en el desarrollo mundial cuando unos pueblos -los menos- lo tienen todo y otros pueblos -los más- viven en la miseria y en la abyeción más absolutas? Sin duda la puesta en marcha del programa restaurador del Club de Roma exigiría unos procesos de adaptación éticos, sociales, religiosos y políticos que no pueden improvisarse. O sea, hoy por hoy, la Humanidad no está preparada para este salto. Algunas gentes, sin embargo, ante la repentina crisis de energía que padece el mundo, han hablado, con tanta desfachatez como ligereza, del fin de la era del consumismo. Esto, creo, es mucho predecir. El mundo se acopla a la nueva situación, acepta el paréntesis; eso es todo. Más, mucho me temo que, salvadas las circunstancias que lo motivaron, la fiebre del consumo se despertará aún más voraz que antes de producirse. Cabe, claro está, que la crisis se prolongue, se haga endémica, y el hombre del siglo XX se vea forzado a alterar sus supuestos. Más esta alteración se soportará como una calamidad, sin el menor espíritu de regeneración y enmienda. En este caso, la tensión llegará a hacerse insoportable. A mi entender, únicamente un hombre nuevo -humano, imaginativo, generoso- sobre un entramado social nuevo, sería capaz de afrontar, con alguna posibilidad de éxito, un programa restaurador y de encauzar los conocimientos actuales hacia la consecución de una sociedad estable. Lo que es evidente, como dice Alain Hervé, es que a estas alturas, si queremos conservar la vida, hay que cambiarla.
Pero a lo que iba, mi actitud ante el problema -actitud pesimista, insisto- no es nueva. Desde que tuve la mala ocurrencia de ponerme a escribir, me ha movido una obsesión antiprogreso, no porque la máquina me parezca mala en sí, sino por el lugar en que la hemos colocado con respecto al hombre. Entonces, mis palabras de esta noche no son sino la coronación de un largo proceso que viene clamando contra la deshumanización progresiva de la Sociedad y la agresión a la Naturaleza, resultados, ambos, de una misma actitud: la entronización de las cosas. Pero el hombre, nos guste o no, tiene sus raíces en la Naturaleza y al desarraigarlo con el señuelo de la técnica, lo hemos despojado de su esencia. Esto es lo que trasluce, imagino, de mis literaturas y lo que quizá indujo a Torrente Ballester a afirmar que para mí "el pecado estaba en la ciudad y la virtud en el campo". En rigor, antes que menosprecio de corte y alabanza de aldea, en mis libros hay un rechazo de un pregreso que envenena la corte e incita a abandonar la aldea. Desde mi atalaya castellana, o sea, desde mi personal experiencia, en esta problemática la que he tratado de reflejar en mis libros. Hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos, por la noble. Y la destrucción de la Naturaleza no es solamente física, sino una destrucción de su significado para el hombre, una verdadera amputación espiritual y vital de este. Al hombre, ciertamente, se le arrebata la pureza del aire y del agua, pero también se le amputa el lenguaje, y el paisaje en que transcurtre su vida, lleno de referencias personales y de su comunidad, es convertido en un paisaje impersonalizado e insignificante.
El éxodo rural, por lo demás, es un fenómeno universal e irremediable. Hoy nadie quiere parar en los pueblos porque los pueblos son el símbolo de la estrechez, el abandono y la miseria. Julio Senador advertía que el hombre puede perderse lo mismo por necesidad que por saturación. Lo que no imaginaba Senador es que nuestros reiterados errores pudieran llevarle a perderse por ambas cosas a la vez, al hacer tan invisible la aldea como la megápolis. Los hombres de la segunda era industrial no hemos acertado a establecer la relación Técnica-Naturaleza en términos de concordia y a la atracción inicial de aquella concentrada en las grandes urbes, sucederá un movimiento de repliegue en el que el hombre buscará de nuevo su propia personalidad, cuando ya tal vez sea tarde porque la Naturaleza como tal habrá dejado de existir.
En esta tesitura, mis personajes se resisten, rechazan la masificación. Al presentárseles la dualidad Técnica-Naturaleza como dilema, optan resueltamente por esta que es, quizá, la última oportunidad de optar por el humanismo. Se trata de seres primarios, elementales, pero que no abdican de su humanidad; se niegan a cortar las raíces. A la sociedad gregaria que les incita, ellos oponen un terco individualismo. En eso, tal vez, resida la última diferencia entre mi novela y la novela objetiva o behaviorista. Ramón Buckley ha interpretado bien mi obstinada oposición al gregarismo cuando afirma que en mis novelas yo me ocupo "del hombre como individuo y busco aquellos rasgos que hacen de cada persona un ser único, irrepetible". Es esta, quizá, la última razón que me ha empujado a los medios rurales para escoger los protagonistas de mis libros. La ciudad uniforma cuanto toca; el hombre enajena en ella sus perfiles característicos. La gran ciudad es la excrecencia y, a la vez, el símbolo del actual progreso. De aquí que el Isidoro, protagonista de mi libro "Viejas historias de Castilla la Vieja", la rechace y exalte la aldea como último reducto del individualismo.
Esto ya expresa en mis personajes una actitud ante la vida y un desdén explícito por un desarrollo desintegrador y deshumanizador, el mismo que induce a Nini, el niño sabio de "Las Ratas", a decir a Rosalino, el Encargado, que le presenta el carburador de un tractor averiado, "de eso no sé, señor Rosalino, eso es inventado". Esta respuesta displicente no envuelve un rechazo de la máquina, sino un rechazo de la máquina en cuanto obstáculo que se interpone entre los corazones de los hombres y entre el hombre y la Naturaleza. Mis personajes son conscientes, como lo soy yo, su creador, de que la máquina, por un error de medida, ha venido a calentar el estómago del hombre, pero ha enfriado el corazón.
Mis personajes, por otro lado, hablan poco, es cierto, son más contemplativos que locuaces, pero antes que como recurso para conservar su individualismo, como dice Buckley, es por escepticismo, porque han comprendido que a fuerza de degradar el lenguaje lo hemos inutilizado para entendernos. De aquí que el Ratero se exprese por monosílabos; Menchu en su monólogo interminable, absolutamente vacío; y Jacinto San José trate de inventar un idioma que lo eleve sobre la mediocridad circundante y evite su aislamiento. Mis personajes no son, pues, asociales, insociables ni insolidarios, sino solitarios a su pesar. Ellos declinan un progreso mecanizado y frío, es cierto, pero, simultáneamente, este progreso los rechaza a ellos, porque un progreso competitivo, donde impera la ley del más fuerte, dejará ineluctablemente en la cuneta a los viejos, los analfabetos, los tarados y los débiles. Y aunque un día llegue a ofrecerles un poco de piedad organizada, una ayuda -no ya en cuanto a semejantes sino en cuanto a perturbadores de su plácida digestión- siempre estará ausente de ella el calor. "El hombre es un ser vivo en equilibrio con los demás seres vivos", ha dicho Faustino Cordón. Y así debería ser, pero nosostros, nuestro progreso despiadado, ha roto nuestro equilibrio con otros seres y de unos hombres con otros hombres. De esta manera son muchas las criaturas y pueblos que, por expresa renuncia o porque no pudieron, han dejado pasar el tren de la abundancia y han quedado marginados. Son seres humillados y ofendidos -la Desi, el viejo Eloy, el Tío Ratero, el Barbas, Pacífico, Sebastián....- que inutilmente esperan, aquí en la Tierra, algo de un Dios eternamente mudo y de un prójimo cada día más remoto. Estas víctimas de un desarrollo tecnológico implacable, buscan en vano un hombro donde apoyarse, un corazón amigo, un calor, para constatar, a la postre, como el viejo Eloy de "La hoja Roja", que "el hombre al meter el calor en un tubo creyó haber resuelto el problema pero, en realidad, no hizo sino crearlo porque era inconcebible un fuego sin humo y de esta manera la comunidad se había roto".
Seguramente esta estimación de la sociedad en la que vivimos es lo que ha movido a Francisco Umbral y Eugenio de Nora a atribuir a mis escritos un sentido moral. Y, en verdad, es este sentido moral lo único que se me ocurre oponer, como medida de urgencia, a un progreso cifrado en el constante aumento del nivel de vida. A mi juicio, el primer paso para cambiar la actual tendencia del desarrollo, y, en consecuencia, de preservar la integridad del hombre y de la Naturaleza, radica en ensanchar la conciencia moral universal. Esta conciencia moral universal, fue, por encima del dinero y de los intereses políticos, la que detuvo la intervención americana en el Vietnan y la que viene exigiendo juego limpio en no pocos lugares de la Tierra. Esta conciencia, que encarno preferentemente en un amplio sector de la juventud, que ha heredado un mundo sucio en no pocos aspectos, justifica mi esperanza. Muchos jóvenes del este y del oeste reclaman hoy un mundo más puro, seguramente, como dice Burnet, por ser ellos la primera generación con DDT en la sangre y estroncio 90 en sus huesos.
Porque si la aventura del progreso, tal como hasta el día la hemos entendido, ha de traducirse inexorablemente en un aumento de la violencia y la incomunicación; de la autocracia y la desconfianza; de la injusticia y la prostitución de la Naturaleza; del sentimiento competitivo y del refinamiento de la tortura; de la explotación del hombre por el hombre y la exaltación del dinero, en ese caso, yo, gritaría ahora mismo, con el protagonista de una conocida canción americana: "¡ Qué paren la Tierra, quiero apearme"!

Miguel Delibes

sábado, 29 de mayo de 2010

"Castilla, lo castellano y los castellanos". Miguel Delibes


Fragmento del capítulo VIII de "El disputado voto del señor Cayo" de Miguel Delibes.
La llama rompió ruidosamente entre los sarmientos. Rafa apartó la cara. Laly miró en derredor y dijo:
- ¿No tienen ustedes televisión?
El señor Cayo, acuclillado en el tajuelo, la miró de abajo arriba:
- ¿ Televisión? ¿Para qué queremos nosotros televisión?
Laly trató de sonreir:
-¡Qué sé yo, para entretenerse un rato!
Dijo Rafa, después de mirar en torno:
-¿Y radio? ¿Tampoco tienen radio?
- Tampoco, no señor. ¿Para qué?
Rafa se alteró todo:
-¡Joder, para qué! Para saber en qué mundo viven.
Sonrió socarronamente el señor Cayo:
-¿ Es que se piensa usted que el señor Cayo no sabe en que mundo vive?
- Tampoco es eso, joder, pero no estar incomunicados, digo yo.
Víctor seguía el diálogo con interés. Intervino, conciliador:
- Entonces, señor Cayo, ¿pueden pasar meses sin que oiga usted una voz humana?
-¡ Quia, no señor! los días 15 de cada mes baja Manolo.
-¿ Qué Manolo?
- El de la Coca-Cola. Baja de Palacios a Refico, en Martos todavía hay cantina.
-Y ¿entra en el pueblo?
-Entrar, no señor, bajo yo al cruce y echamos un párrafo.
Víctor se mordió el labio inferior. Dijo:
-Pero vamos a ver, usted, aquí, en invierno, a diario, ¿qué hace? ¿lee?
- A mí no me da por ahí, no señor. Eso ella.
Rafa cogió el cabo de un palo sin quemar y lo colocó con las tenazas sobre las ascuas. Luego, sopló obstinadamente con el fuelle de cuero ennegrecido hasta que hizo saltar la llama. La vieja, junto a la alacena, ladeaba mecánicamente la cabeza, como para escuchar o para dormitar, pero en el instante de cerrársele los párpados, la enderezaba de golpe.
Víctor bebió otra taza de vino y se la alargó luego al señor Cayo para que la llenase de nuevo. Añadió al cabo de un rato:
- Pero si usted no lee, ni oye la radio, ni ve la televisión, ¿qué hace aquí en invierno?
- Mire, labores no faltan.
Insistió Víctor
-Y ¿si se pone a nevar?
- Ya ve, miro caer la nieve.
- Y ¿si está quince días nevando?
-¡Toó, como si la echa un mes! Agarro una carga y me siento a aguardar a que escampe.
Víctor movió la cabeza de un lado a otro, desalentado.
Laly tomó el relevo:
-Pero, mientras aguarda, algo pensará usted -dijo.
-¿Pensar? Y ¿qué quiere usted que piense?
- Qué sé yo, en el huerto, en las abejas.... ¡Algo!
El señor Cayo se pasó su mano grande, áspera, por la frente. Dijo:
-Si es caso, de uvas y brevas, que si me da un mal me muero aquí como un perro.
-¿ No tienen médico?
-Qué hacer, sí señora, en Refico.
Saltó Rafa:
-¡Joder, en Refico a un paso! Y ¿si la cosa viene derecha?
El señor Cayo sonrió resignadamente:
-Si la cosa viene por derecho, mejor dar la razón al cura
-dijo.
A Rafa se le habían formado dos vivos rosetones en las mejillas que acentuaban su apariencia infantil. Hizo un cómico gesto de complicidad a Laly:
-Alucinante -dijo.
El señor Cayo aproximó un rosco a la muchacha:
- Pruebe, están buenos.
Laly partió un pedazo con los dedos y lo llevó a la boca.
Masticó con fruición, en silencio:
Tiene gusto a anís -dijo.
La vieja asintió .Emitió unos sonidos guturales, acompañados de un descompasado manoteo y sus manos, arrugadas y pálidas, con la toquilla negra por fondo, eran como dos mariposas blancas persiguiéndose. Al fin, de una forma repentina, se posaron sobre el halda. El señor Cayo, que no perdía detalle, dijo cuando la mujer cesó en sus aspavientos:
- Ella dice que lo tienen. Y también huevos, harina, manteca y azúcar.
-Ya -dijo laly.
Víctor volvió a la carga:
-Díganos, señor Cayo, ¿cómo baja usted a Refico?
- En la burra.
- ¿Siempre bajó en la burra?
- No señor, hasta el 53, mientras hubo aquí personal, los martes bajaba una furgoneta de Palacios. Y, antes, hace qué sé yo los años, estuvo la posta - sonrió tenuamente- donde Tirso cambiaba los caballos.
Victor apartó los pies de la lumbre:
- Y ahora ¿quién le trae el correo?
-¿Qué correo?
- Las cartas.
El hombre rompió a reír:
-¡Qué cosas! -dijo -. Y ¿quién cree usted que le va a escribir al señor Cayo?
- Los hijos, ¿no?
Hizo un ademán despectivo:
-Esos no escriben -dijo- Tienen coche.
-Y ¿vienen a verle?
- Qué hacer. Al mes que viene vendrá él, con los dos nietos, ¿se da cuenta? A ella no le pinta esto. Dice que qué va a hacer ella en un pueblo donde no se puede ni tomar el aperitivo, ya ve. ¡Cosas de la juventud!
Víctor y Rafa bebían sin cesar. Dijo Víctor:
- Este vino entra bien.
- Es de la tierra.
-¿De aquí?
-Como quien dice, de la parte de Palacios.
A Víctor le ganaba por momentos una locuacidad expansiva:
- Pero tal como se explica, Señor Cayo, usted aquí ni pun. Así se hunda el mundo, usted ni se entera.
-¡Toó! Y ¿qué quiere que le haga yo si el mundo se hunde?
- Bueno, es una manera de decir.
Rafa se inclinó hacia el tajuelo. Tenía los ojos turbios. Dijo con voz vacilante, un poco empastada:
- Un ejemplo, señor Cayo, la noche que murió Franco usted dormiría tan tranquilo....
-Ande, y ¿por qué no?
-No se enteró de nada.
- Qué hacer si enterarme. Manolo me lo dijo.
- ¡Jo, Manolo! ¿No dice usted que Manolo baja con la furgoneta a mediados de mes?
- Así es, si señor, los dias 15, salvo si cae en domingo.
-Pues usted me dirá, Franco murió el 20 de noviembre, de forma que se tiró usted cuatro semanas en la inopia.
-Y ¿qué prisa corría?
- ¡Joder, qué prisa corría!-
Laly alzó su voz apaciguadora:
- ¿Qué pensó usted, señor Cayo?.
- Pensar ¿de qué?
- De Franco, de que se hubiera muerto.
El señor Cayo dibujó con sus grandes manos un ademán ambiguo:
- Mire, para decir la verdad, a mi ese señor me cogía un poco a trasmano.
- Pero la noticia era importante, ¿no? Nada menos que pasar de la dictadura a la democracia.
- Eso dicen en Refico.
- Y usted ¿qué dice?
- Que bueno.
Laly le miraba comprensiva, amistosamente. Añadió:
-De todos modos, al comunicárselo Manolo, algo pensaría usted.
- ¿De lo de Franco?
-Claro
-Mire, como pensar, que le habrían dado tierra. Ahí si que somos todos iguales.
Rafa bebió otra taza de vino. Tenía las orejas y las mejillas congestionadas. Dijo excitado:
- Pues ahora tendrá usted que participar, señor Cayo, no queda otro remedio. ¿Ha oído el discurso del rey?. La soberanía a vuelto al pueblo.
- Eso dicen.
- ¿Va a votar el día 15?
- Mire, si no está malo el tiempo, lo mismo me llego a Refico con Manolo.
- ¿Votan ustedes en Refico?
- De siempre, si señor. Nosostros y todo el personal de la parte de aquí, de la montaña.
- Y ¿ha pensado usted que va a votar?
El señor Cayo introdujo un dedo bajo la boina y se rascó ásperamente la cabeza. Luego, se miró sus grandes manos, como extrañándolas. Murmuró al fin.
- Lo más seguro es que vote que sí. a ver, si todavía vamos a andar con rencores....
Rafa se echó a reír. Levanto la voz:
-Que eso era antes, joder, señor Cayo. Esos eran los inventos de Franco, ahora es diferente, que no sabe usted de qué va la fiesta.
- Eso - dijo humildemente el señor Cayo.
La voz de Rafa se fue haciendo, progresivamente, más cálida, hasta alcanzar un tono mitinesco:
- Ahora es un problema de opciones, ¿me entiende? Hay partidos para todos y usted debe votar la opción que más le convenza. Nosostros, por ejemplo. Nosotros aspiramos a redimir al proletariado, al campesino. Mis amigos son los candidatos de una opción, la opción del pueblo, la opción de los pobres, así de fácil.
El señor Cayo le observaba con concentrada atención, como si asistiera a un espectáculo, con una chispita de perplejidad en la mirada. Dijo tímidamente:
- Pero yo no soy pobre.
Rafa se desconcertó:
-¡Ah! -dijo- , entonces usted, ¿no necesita nada?.
- ¡Hombre!, como necesitar, que pare de llover y apriete la calor.
Víctor se incorporó a medias, presionado su estómago por el tablero de la perezosa. Se dirigió a Rafa:
- No te enrolles, macho, déjalo ya.
Rafa se levantó a su vez.
- Ya lo oye, señor Cayo. Mi amigo quiere que me calle.

Este libro de Miguel Delibes, es un compendio de retazos de otros libros suyos. El que me ocupa aquí es un fragmento de "El disputado voto del señor Cayo". El cual me ha hecho reflexionar, sobre la sociedad en la que vivimos. Una sociedad que nos crea necesidades absurdas, de cualquier tipo.
Aquí, todos tenemos que entrar por el aro, ser lo que quieren que seamos, todos iguales, diseñados por el mismo patrón. Tener los mismos gustos, los mismos intereses para que las grandes economías puedan después satisfacer con productos de todo tipo este tinglado tan falsamente creado.
Asi nos va. Viviendo en un mundo totalmente desequilibrado, donde prima lo material.
Vendes tu libertad, tu vida, a cambio de cosas que nunca te llenarán por completo. Y seguirás aspirando a tener más y más y más.... Por eso, hay tanta gente infeliz, porque por más cosas que poseamos no viviremos mejor.
Lo peor es que muchos, la mayoría, han caído en la trampa, han hipotecado su vida y aunque ahora quieran salir ya no pueden, es demasiado tarde. Tendrán que seguir siendo esclavos para pagar algo que de ninguna manera les traerá la felicidad a su vida.
Y si por casualidad alguien abandonara la nave donde nos han metido a todos y quieren coger otro camino, bien rápido le tacharán de loco, de insensato, desarraigado.... y no sé cuantas lindezas más.


Pensemos y reflexionemos un poquito más... a todos nos vendrá bien.

domingo, 22 de noviembre de 2009

¿Tú sabes que...?

¿Tú sabes qué es un transgénico?.
Un transgénico es un organismo vivo que ha sido creado artificialmente manipulando sus genes. Por ejemplo el millo (maíz) transgénico cultivado en España lleva genes de bacteria que le permitem producir una sustancia insecticida.
Los transgénicos llevan riesgos implícitos con respecto al medio ambiente, a la agricultura y a nuestra salud.
¿Tú sabes que en 1945, se tiró la primera bomba atómica en Hiroshima (Japón) ?
Fue en la Segunda Guerra Mundial, y murieron miles de personas durante los bombardeos y después de ellos a causa de lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación.
¿Tú sabes que se declaran guerras, descaradamente, para obtener materias primas o hacerse con el control de puntos estratégicos?
¿Tú sabes lo que es un chemtrail?
La palabrita es una abreviación de las palabras inglesas chemical trail que traducido quiere decir estela química.





Seguramente habrás observado alguna vez en el cielo estelas que dejan atrás algunos aviones. Solo se ven a veces y en unos determinados sitios más que en otros. Al principio son unas delgadas líneas que al poco tiempo se empiezan a expandir hacia los lados, formando unas lineas más gruesas.
Si te interesa el tema busca información y saca tus propias conclusiones.... visto lo visto, todo es posible.



Estas fotos fueron sacadas el domingo 22 de noviembre en Arafo.

domingo, 7 de junio de 2009

Para leer y reflexionar. "Nosotros somos una parte de la Tierra"

Mensaje del gran jefe Seattle al presidente de los Estados Unidos de América en 1855.

El Discurso

El gran Jefe de Washington nos envió un mensaje diciendo que deseaba comprar nuestra Tierra.

El Gran Jefe también nos envió palabras de amistad y buena voluntad.
Es una señal amistosa por su parte, pues sabemos que no necesita nuestra amistad.

Pero vamos a considerar su oferta, porque sabemos que si no se la vendemos, quizá el hombre blanco venga con sus armas y se apodere de nuestra Tierra.
¿Quién puede comprar o vender el Cielo o el calor de la Tierra?

No podemos imaginar esto si nosostros no somos dueños del frescor del aire ni del brillo del agua.
¿Cómo él podría comprárnosla?
Trataremos de tomar una decisión.

Según lo que el Gran Jefe Seattle diga, el Gran Jefe en Washington puede dejarlo, del mismo modo que nuestro hermano blanco en el transcurso de las estaciones puede dejarlo.

Mis palabras son como las estrellas, nunca se extinguen. Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo, cada brillante aguja de un abeto, cada playa de arena, cada niebla del oscuro bosque, cada claro del bosque, cada insecto que zumba es sagrado, para el pensar y el sentir de mi pueblo.

La savia que sube por los árboles, trae el recuerdo del Piel Roja. Los muertos de los blancos olvidan la tierra en que nacieron, cuando desaparecen para vagar por las estrellas. Nuestros muertos nunca olvidan esta maravillosa Tierra, es la madre del Piel Roja. Nosostros somos una parte de la Tierra, y ella es parte de nosotros. Las olorosas flores son nuestras hermanas, el ciervo, el caballo, la gran águila son nuestros hermanos. Las rocosas alturas, las suaves praderas, el cuerpo ardoroso del potro y del hombre, todos pertenecen a la misma familia.
Por eso cuando el Gran Jefe de Washington, nos envió el recado de que quería comprar nuestra Tierra, exigía demasiado de nosotros.

El Gran Jefe nos comunicaba que quería darnos un lugar, donde pudiéramos vivir cómodamente.
él sería nuestro padre, y nosostros seríamos sus hijos. Pero, ¿ será posible esto alguna vez?
Dios ama a nuestro pueblo, y ha abandonado a sus hijos rojos.

Él ha enviado máquinas para ayudar al hombre blanco en su trabajo, y construye para él grandes pueblos. Él hace que vuestra gente cada vez sea más poderosa, día tras día. Pronto invadiréis la Tierra, cómo los ríos que se desbordan desde las gargantas montañosas, por una inesperada lluvia.

Mi pueblo es como una corriente desbordada, pero sin retorno, nosostros somos de razas diferentes. Nuestros hijos no juegan juntos, y nuestros ancianos no cuentan las mismas historias. Dios os es favorable, y nosostros estamos como huérfanos. Meditaremos sobre vuestra oferta de comprarnos la Tierra. No será fácil, porque esta Tierra es sagrada para nosotros.

Nos sentimos alegres en este bosque. No sé porque, pero nuestra forma de vivir es diferente de la vuestra.

El agua cristalina, que brilla en arroyos y ríos, no es sólo agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos nuestra Tierra, habéis de saber que es sagrada, y que vuestros hijos aprendan que es sagrada, y que todos los pasajeros reflejos en las aguas claras son los acontecimientos y tradiciones que refiere mi pueblo.

El murmullo del agua es la voz de mis antepasados. Los ríos son nuestros hermanos, ellos apagan nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos.

Si vendiésemos nuestra Tierra tenéis que acordaros, y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos-y los vuestros-, y que tendréis desde ahora que dar vuestros bienes a los ríos, así como a otros de vuestros hermanos.

El Piel Roja siempre se ha apartado del exigente hombre blanco, igual que la niebla matinal en los montes cede al sol naciente. Pero las cenizas de nuestros antepasados, sus tumbas, son tierra santa, y por eso estas colinas, estos árboles, esta parte de la Tierra, nos es sagrada.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de pensar. Para él una parte de la Tierra es igual a otra, pues él es un extraño que llega de noche y se apodera en la Tierra de lo que necesita.

La Tierra no es su hermana, sino su enemiga, y cuando la ha conquistado, cabalga de nuevo.

Abandona la tumba de sus antepasados y no le importa. Él roba la Tierra de sus hijos, y no le importa nada. Él olvida las tumbas de sus padres, y los derechos de nacimiento de sus hijos. Trata a su madre, la Tierra, y a su hermano, el Cielo, como cosas que se pueden comprar y arrebatar, y que se pueden vender, como ovejas o perlas brillantes.

Hambriento, se tragará la tierra, y no dejará nada, sólo un desierto.

No sé, pero nuestra forma de ser, es diferente de la vuestra.

La vista de vuestras ciudades hace daño a los ojos del Piel Roja. Quizá porque el Piel Roja es un salvaje y no lo comprende. No hay silencio alguno en las ciudades de los blancos, no hay ningún lugar donde se pueda oir crecer las hojas en primavera y en sus nidos a los insectos.

Pero quizá es porque yo sólo soy un salvaje, y no entiendo nada.

La charlatanería sólo daña a nuestros oídos. ¿Qué es la vida si no se puede oir el grito solitario del pájaro chotacabras, o el croar de las ranas en el lago al anochecer? yo soy un Piel Roja y no entiendo esto.

El indio puede sentir el suave susurro del viento, que sopla sobre la superficie del lago, y el soplo del viento límpio por la lluvia matinal, o cargado de la fragancia de los pinos.

El aire es de gran valor para el Piel Roja, pues todas las cosas participan del mismo aliento: el animal, el árbol, el hombre, todos participan del mismo aliento.
El hombre blanco parece no considerar el aire que respira; a semejanza de un hombre que está muerto desde hace varios días y está embotado contra el hedor.

Pero si vendemos nuestra Tierra no olvidéis que tenemos el aire en gran valor; que el aire comparte su espíritu con la vida entera. El viento dió a nuestros padres el primer aliento, y recibe el último hálito. Y el viento también insuflará a nuestros hijos la vida. Y si os vendiéramos nuestra Tierra, tendríais que cuidarla como un tesoro, como un lugar donde también el hombre blanco sepa que el viento sopla suavemente sobre las flores de la pradera.

Yo soy un salvaje, y es así como entiendo las cosas.
He visto mil bisontes putrefactos, abandonados por el hombre blanco. Los mataron desde un convoy que pasaba.

Yo soy un salvaje y no puedo comprender cómo el caballo de hierro que echa humo, es más poderoso que el búfalo al que sólo matamos para conservar la vida.

¿Qué es el hombre sin animales? si todos los animales desapareciesen el hombre también moriría, por la gran soledad de su espíritu.

Lo que les suceda a los animales, luego, también les sucede a los hombres. Todas las cosas están estrechamente unidas.

Lo que le acaece a la Tierra también les acaece a los hijos de la Tierra.

Tenéis que enseñar a vuestros hijos que el suelo que está bajo sus pies tiene las cenizas de nuestros antepasados.

Para que respeten la Tierra, contadles que la Tierra contiene las almas de nuestros antepasados.
Enseñad a vuestros hijos lo que nosostros enseñamos a los nuestros: que la Tierra es nuestra madre.

Lo que le acaece a la Tierra, le acaece también a los hijos de la Tierra.
Cuando los hombres escupen a la Tierra, se están escupiendo a sí mismos.
Pues nosostros sabemos que la Tierra no pertenece a los hombres, que el hombre pertenece a la Tierra. Eso lo sabemos muy bien. Todo está unido entre sí, como la sangre que une a una misma familia. Todo está unido.

Lo que le acaece a la Tierra les acaece, también, a los hijos de la Tierra.

El hombre no creó el tejido de la vida, sólo es una hilacha. Lo que hagáis a este tejido, os lo hacéis a vosotros mismos. No, el día y la noche no pueden vivir juntos.
Nuestros muertos siguen viviendo en los dulces ríos de la Tierra, y regresan de nuevo con el suave paso de la Primavera, y su alma va con el viento, que sopla rizando la superficie del lago.

Consideraremos la posibilidad de que el hombre blanco nos compre nuetra Tierra.

Pero mi pueblo pregunta: ¿Qué es lo que quiere el hombre blanco? ¿cómo se puede comprar el Cielo, o el calor de la Tierra, o la velocidad del antílope? ¿cómo vamos a venderos esas cosas y cómo váis a poder comprarlas? ¿es qué, acaso, podréis hacer con la Tierra lo que queráis, sólo porque un Piel Roja firme un pedazo de papel y se lo dé al hombre blanco?

Sí nosotros no poseemos el frescor del aire, ni el brillo del agua, ¿cómo váis a poder comprarnoslo?

¿Es que , acaso, podéis comprar los búfalos cuando ya habéis matado al último?
Consideraremos vuestra oferta. Sabemos que si no os la vendemos vendrá el hombre blanco y se apoderará de nuetra Tierra. Pero nosotros somos unos salvajes.

El hombre blanco que va tras la posesión del poder, ya se cree que es Dios, al que le pertenece la Tierra. ¿Cómo puede un hombre apoderarse de su madre?

Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestra Tierra. El día y la noche no pueden vivir juntos. Consideraremos vuestra oferta de que vayamos a una reserva.
Queremos vivir aparte y en paz. No importa dónde pasemos el resto de nuestros días.

Nuestros hijos verán a sus padres sumisos y vencidos. Nuestros guerreros estarán avergonzados.

Después de la derrota pasaran sus días en la holganza, y envenenarán sus cuerpos con dulces comidas y fuertes bebidas.

No importa donde pasemos el resto de nuestros días.
No quedan ya muchos. Sólo algunas horas, un par de inviernos, y no quedará ningún hijo de la gran estirpe que en otros tiempos vivió en esta Tierra, y que ahora en pequeños grupos viven dispersos por el bosque, para gemir sobre las tumbas de su pueblo, que en otro tiempo fue fue tan poderoso y lleno de esperanza como el vuestro.

Pero, ¿ por qué consternarse por la desaparición de un pueblo?
Los pueblos están constituidos por hombres. Es así.
Los hombres aparecen y desaparecen como las olas del mar. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios camina a su lado, y habla con él, como el amigo con el amigo, puede librarse del común destino. Quizá seamos hermanos. Esperamos verlo.

Sólo sabemos una cosa -Que quizá un día el hombre blanco también descubra-, y es que nuestro Dios, es el mismo Dios suyo. Vosotros, quizá, penséis que lo poeéis -igual que tratáis de poseer nustra Tierra-, pero no podéis.
Es el Dios de todos los hombres, lo mismo de los Pieles Rojas que de los blancos.
Aprecia mucho esta Tierra y el que atente contra ella significa que desprecia a su Creador.

También los blancos desaparecerán, y quizá antes que otras estirpes.

Continuad contaminando vuestro lecho y una noche moriréis en vuestra propia caída. Pero al desaparecer brillaréis por el fuego del poderoso Dios, que os trajo a esta Tierra, y que os destinó a dominar al Piel Roja en esta Tierra.

Este destino es para nosotros un enigma. Cuando todos los búfalos hayan muerto, los caballos salvajes hayan sido domados, y el rincón más secreto del bosque haya sido invadido por el ruido de muchos hombres, y la visión de las colinas esté manchada por los alambres parlantes, cuando desaparezca la espesura, y el águila se haya ido, esto significará decir adiós al veloz potro y a la caza.
El final de la vida -y el comienzo de la otra vida. Dios os concedió el dominio sobre los animales, los bosques y los Pieles Rojas por un determinado motivo. Y este motivo es un enigma para nosotros.

Quizá podríamos comprenderlo si supiésemos qué es lo que sueña el hombre blanco, qué ideales les ofrece a los hijos en las largas noches invernales, y qué visiones arden en su imaginación, hacia las que tienden el día de mañana.

Pero nosotros somos salvajes, los sueños del hombre blanco nos están ocultos, y porque nos están ocultos nosotros vamos a seguir nuestro propio camino.

Pues, ante todo, estimamos el derecho que tiene cada ser humano a vivir tal como desea, aunque sea de modo muy diverso al de sus hermanos. No es mucho lo que nos une.

Consideraremos vuetra oferta, si aceptamos es sólo por asegurarnos la reserva que habéis prometido. Quizá allí podamos acabar los pocos días que nos quedan viviendo a vuestra manera.

Cuando el último Piel Roja de esta Tierra desaparezca y su recuerdo sea solamente la sombra de una nube sobre la pradera, todavía estará vivo el espíritu de mis antepasados en esta orillas y en estos bosques.

Pues ellos amaban esta Tierra, como ama el recién nacido el latido del corazón de su madre.
Si os llegáramos a vender nuestra Tierra, amadla, como nosotros la hemos amado.

Cuidad de ella, como nosotros la cuidamos, y conservad el recuerdo de esta Tierra tal como os la entregamos.

Y con todas vuestras fuerzas, vuestro espíritu y vuestro corazón, conservadla para vuestros hijos, y amadla, tal como Dios nos ama a todos. Pues hay algo que sabemos, que Dios es el mismo Dios.
Esta Tierra es sagrada para Él. Ni siquiera el hombre blanco se puede librar del destino común.

Quizá somos hermanos. Esperamos verlo.


Foto del gran jefe Seattle.1860

sábado, 25 de abril de 2009

Y tú, ¿cómo piensas?

En un pueblo de la costa mexicana, un paisano está, medio adormecido, junto al mar. Un turista norteamericano se le acerca y entablan conversación,
El turista le pregunta:
-"Y usted, ¿ a qué se dedica? ¿ en qué trabaja?.
El mexicano responde:
-"Soy pescador".
-¡Vaya, pues debe ser un trabajo muy duro. Trabajará usted muchas horas!.
-"Sí, muchas horas", replica el mexicano.
-"¿Cuántas horas trabaja usted al día?".
-"Bueno, trabajo tres o cuatro horitas".
-"Pues no me parece que sean muchas. ¿Y qué hace usted el resto del tiempo?".
-"Vaya. Me levanto tarde. Trabajo tres o cuatro horitas, juego un rato con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer y luego, al atardecer, salgo con los amigos a tomar unas cervezas y a tocar la guitarra".
El turista norteamericano reacciona inmediatamente de forma airada y responde:
-" Pero hombre, ¿ cómo es usted así?".
-"¿Qué quiere decir?".
-"¿Por qué no trabaja usted más horas?"
-"¿Y para qué?", responde el mexicano.
-"Porque así al cabo de unos años podría comprar un barco más grande".
-"¿Y para qué?".
-"Porque un tiempo después podría montar una factoría en este pueblo".
-"¿Y para qué?".
-"Porque luego podría abrir una oficina en el distrito federal".
-"¿Y para qué?".
-"Porque más adelante montaría delegaciones en Estados Unidos y en Europa".
-"¿Y para qué?.
-"Porque las acciones de su empresa cotizarían en bolsa y usted se haría inmensamente rico".
-"¿Y para qué?".
-"Pues para poder jubilarse tranquilamente, venir aquí, levantarse tarde, jugar un rato con sus nietos, dormir la siesta con su mujer y salir al atardecer a tomarse unas cervezas y a tocar la guitarra con sus amigos".