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lunes, 24 de agosto de 2009

Poesía

Aquí dejo una poesia de nuestro buen amigo Eduardo Trinchant. Ojalá todos quisieran a las islas como él.

LA CASA

Derribaron los cimientos
de la casa lagunera donde nací.
Sus raíces eran de la tierra,
se cerraron sobre sí mismas
cóncavas de la avaricia.
En la memoria, los boliches,
la sala de la pianola,
los libros del abuelo,
la piedra de lavar,
la destiladera de agua transparente
y la azotea donde fui vigía del mar
respirando el alisio.
Mientras, las islas inmersas
en el océano del aire me acercan
al jardín, umbral de mi cobijo,
el lugar de la luz y el limonero,
de la palmera de acogedores brazos,
del sabor a níspero y a albaricoque.
El recuerdo, quieto, permanece
en un éxtasis de sueño desnudo
que vence la sombra de la distancia.
Es ya la edad del otoño,
la de las rosas marchitas.

Eduardo Trinchant



Destiladera (Piedra estila)

domingo, 21 de junio de 2009

Mi Patria



Mi Patria

Si el sol que primero ví
fue el de mi Patria Nivaria,
¿Qué quiere España de mí?.
¿Yo olvidar donde nací,
por la madrastra arbitraria?.

¿Quién, que en Las Afortunadas,
por su fortuna naciera,
viéndolas pobres, diezmadas,
de otro pueblo esclavizadas,
su libertad no quisiera?

Yo, que a mi Patria venero,
yo que venero su historia
desde los cantos de Homero,
¡antes que a España, prefiero
de mis Guanches la memoria!

Cuando mis montes paseo
y sus campiñas contemplo,
me parece que los veo
y se aumenta en mí el deseo
de imitar su digno ejemplo.

¡Noble raza! si caíste
ante tus conquistadores,
ante la historia subiste;
que hasta en la muerte supiste
despreciar los invasores.

¡Ay mi Guanche! Yo te admiro
cual fanático a su Dios;
cual tú, yo también suspiro
por aquel suelo querido
que inmortalizó tu adiós.

La injusticia se cebó
contra la altiva inocencia
y ni el crimen reprobó.
¡Horda odiosa y sin conciencia
que la Patria nos robó!

¡Dichoso tú! Con la muerte
por no soportar vil yugo,
fin deparaste a tu suerte.
Sucumbiste ante el más fuerte
sin pactar con tu verdugo.

Siendo tu hermano, poseo
tu misma sangre en las venas,
triste cual tú, esclava veo
mi Patria, y tarde preveo
desaparecer sus cadenas.

Y siendo tú, Patria mía,
de aquellos bravos la madre,
¿son tus hijos los del día?
siendo esclava todavía,
¿no hay quien tu yugo taladre?

¿Es que la sangre de aquellos
en la de estos se extinguió
y el amor a ti con ellos?
¿no vendrán nuevos destellos?
¿la dignidad se perdió?

Ten esperanza en la vida
mientras lloras tu orfandad
entre cadenas sumida.
¡Ten valor madre querida,
que el progreso es libertad!

Y si hasta hoy no miraron
tus hijos tu humillación,
y, ¡madre! a otra llamaron,
no es que de ti se olvidaron:
¡fue la infame coacción!

¿Es mi mente que me engaña,
o es del progreso el ensanche?
Yo siento la misma saña
contra la invasora España
que abrigó en su pecho el Guanche.


Secundino Delgado
(Publicado en El Guanche, nº 3. 24 de Diciembre de 1897)

domingo, 7 de diciembre de 2008

La sombra del almendro

La patria es una roca,
la patria es una fuente,
la patria es una senda y una choza.

Mi patria no es el mundo;
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca, inolvidable sombra.

A veces por el mundo
con mi dolor a solas
recuerdo de mi patria
las rosadas, espléndidas auroras.

A veces con delicia
mi corazón evoca,
mi almendro de la infancia,
de mi patria las peñas y las rocas.

Y olvido muchas veces
del mundo las zozobras,
pensando de las islas
en los montes, las playas y las olas.

A mi no me entusiasman
ridículas utopías,
ni hazañas infecundas
de la razón afrenta, y de la historia.

Ni en los estados pienso
que duran breves horas,
cual duran en la vida
de los mortales las mezquinas obras.

A mi no me conmueven
inútiles memorias,
de pueblos que pasaron
en épocas sangrientas y remotas.

La sangre de mis venas,
a mi no se me importa
que venga del Egipto
o de las razas céltica y godas.

Mi espíritu es isleño
como las patrias rocas,
y vivirá cual ella
hasta que el mar inunde aquellas costas.

La patria es una fuente,
la patria es una roca,
la patria es una cumbre,
la patria es una senda y una choza.

La patria es el espíritu,
la patria es la memoria,
la patria es una cuna,
la patria es una ermita y una fosa.

Mi espíritu es isleño
como las patrias costas,
donde la mar se estrella
en espuma rompiéndose y en notas.

Mi patria es una isla,
mi patria es una roca,
mi espíritu es isleño
como los riscos donde vi la aurora...

Nicolás Estévanez Murphi