Desde la plaza de Vilaflor empezamos nuestra caminata, pero antes damos una vueltita por los alrededores para disfrutar de las todavía muchas casas antiguas, de arquitectura tradicional, que hay por aquí.
Dejamos atrás la plaza y la iglesia de San Pedro para seguir por la calle Los Molinos, donde hay casonas con mucha historia como la de los Soler del siglo XVII.
Atravesamos la carretera TF 21 que sube al Teide y ascendemos a San Roque. Vamos por el sendero GR 131 (Sendero Anaga- Chasna) que sale de Arona y termina en Anaga.
En San Roque hay una ermita rodeada de una plaza que es un auténtico mirador, desde allí hay unas vistas fantásticas del pueblo de Vilaflor y de los alrededores.
Después de dejar atrás el Hotel Villalba y el campo de fútbol nos vamos adentrando en un monte de pinos y todavía alguna que otra finca plantada de papas a punto de ser recolectadas.
Pasamos por sitios colonizados o repoblados de pinos que eran hasta no hace mucho tiempo, tierras de cultivo. Como se puede ver en la fotografía de abajo, todavía quedan las paredes de piedra seca que así lo atestiguan.
El incendio del verano de 2012, afectó a casi toda esta zona. Podemos ver sus efectos en muchos de los pinos que conforman este monte. Algunos se van recuperando pero otros quedaron totalmente calcinados,
Llegado a este punto el camino da un rodeo para evitar un enorme saltadero.
Por aquí el sendero esta delimitado por muros de piedra.
Y, más tierras agrícolas abandonadas, comidas por la maleza y poco a poco colonizándose de pinos.
Algunos reductos de monte que no fueron afectados por el incendio, están exuberantes.
Casi llegando a Trevejos nos encontramos esta preciosa casa en medio de una finca, ahora abandonada. ¡Cuánta historia tendrá! como se suele decir, "si las piedras hablaran"
Y, ¡cuánto esfuerzo no harían nuestros antepasados para hacer estas
huertas escalonadas, algunas en las mismas laderas de los barrancos!
Llegamos a la balsa de Trevejos y nos encontramos en un dilema, ¿hacia donde coger? hay dos caminos y ninguna señalización, queríamos seguir por el GR 131, pero no sabemos cual es el camino correcto. Optamos por seguir de frente bordeando la balsa y ... nos equivocamos... . Bueno al final dió igual porque atravesamos los llanos de Trevejos que son requetebonitos.
Estos llanos bordeados por montañas por el lado Norte y Oeste están plantados en su mayor parte de parras, las cepas más antiguas, parecen pequeños arbolitos porque usan el sistema de poda llamado, en vaso.
Las plantaciones de viñas más recientes las han podado en espaldera.
Estas fincas están salpicadas por pequeñas casitas de una sola planta y tejados a dos aguas, muchas de ellas pintadas de blanco y otras con las paredes de piedra vista.
Una vez atravesamos los llanos de Trevejos, tenemos ante nosotros a La Escalona con el Roque del Conde, Imoque y Los Brezos detrás.
Desde aquí un camino asfaltado nos lleva hasta esa localidad, perteneciente al municipio de Vilaflor.
En este trayecto podemos ver huertas con jable, aradas y seguramente preparadas para plantar papas.
Este camino va a dar justo enfrente de la plaza y la iglesia de La Escalona. Ahora toca reponer fuerzas en el restaurante La Barrica del mismo pueblo.
Una caminata muy interesante, si señor.
sábado, 21 de enero de 2017
viernes, 30 de diciembre de 2016
Viento en Taganana
Hoy decidimos ir con unos amigos a hacer el sendero que parte de Taganana y que nos lleva hasta la playa de Tamadiste, desembocadura del barranco de Afur.
El fuerte viento nos impidió terminarlo. Ya nos avisó una señora mayor al salir del pueblo que el día no estaba apropiado para andar por esos lugares "es peligroso, nos dijo, una -bajará- de viento puede hacer que se caigan por esos riscos".
Así fue que sólo llegamos al barrio de El Chorro, donde se encuentra la casa de la fotografía que es parte de la Hacienda de Los Auchones, en la actualidad en estado ruinoso.
El fuerte viento nos impidió terminarlo. Ya nos avisó una señora mayor al salir del pueblo que el día no estaba apropiado para andar por esos lugares "es peligroso, nos dijo, una -bajará- de viento puede hacer que se caigan por esos riscos".
Así fue que sólo llegamos al barrio de El Chorro, donde se encuentra la casa de la fotografía que es parte de la Hacienda de Los Auchones, en la actualidad en estado ruinoso.
domingo, 18 de diciembre de 2016
El Otoño en los Altos de Arafo
Pasado el ventarrón que le arrancaba sus hojas,
las hojas del castaño siguieron cayendo mansamente:
porque era otoño.
Proverbio Hindú
Está finalizando el otoño. Ese otoño que por aquí pasa tímidamente. La mayoría de los montes de las islas son de pinos o de laurisilva y estos, siempre están verdes. Así que el otoño sólo lo notamos porque empieza a refrescar, porque los días son más cortos, porque caen algunas lluvias y todo empieza a reverdecer. Pero... aunque sea poco, en algunos lugares, como en los altos de Arafo donde tomamos estas fotografías, allí, si está algo presente.
Es una maravilla pasear entre estos árboles vestidos todavía con algunas hojas doradas y rodeados por una mullida alfombra de hojas secas.
Viejos y retorcidos castañeros, nogales y algunos guinderos nos acompañan en nuestro recorrido.
Estos árboles están plantados en zonas volcánicas, que geológicamente hablando, son de reciente formación.
Seguramente ya apenas les quedarán hojas, después del fuerte viento que hemos tenido los últimos días. Estos lugares tan bonitos de los altos de Arafo, décadas atrás producían muchísimo más. En la actualidad se han perdido bastantes hectáreas por puro abandono. Muchos de estos árboles centenarios, han sido literalmente comidos por la maleza y los pinos que avanzan sin control.
las hojas del castaño siguieron cayendo mansamente:
porque era otoño.
Proverbio Hindú
Está finalizando el otoño. Ese otoño que por aquí pasa tímidamente. La mayoría de los montes de las islas son de pinos o de laurisilva y estos, siempre están verdes. Así que el otoño sólo lo notamos porque empieza a refrescar, porque los días son más cortos, porque caen algunas lluvias y todo empieza a reverdecer. Pero... aunque sea poco, en algunos lugares, como en los altos de Arafo donde tomamos estas fotografías, allí, si está algo presente.
Es una maravilla pasear entre estos árboles vestidos todavía con algunas hojas doradas y rodeados por una mullida alfombra de hojas secas.
Viejos y retorcidos castañeros, nogales y algunos guinderos nos acompañan en nuestro recorrido.
Estos árboles están plantados en zonas volcánicas, que geológicamente hablando, son de reciente formación.
Seguramente ya apenas les quedarán hojas, después del fuerte viento que hemos tenido los últimos días. Estos lugares tan bonitos de los altos de Arafo, décadas atrás producían muchísimo más. En la actualidad se han perdido bastantes hectáreas por puro abandono. Muchos de estos árboles centenarios, han sido literalmente comidos por la maleza y los pinos que avanzan sin control.
domingo, 4 de diciembre de 2016
Un Medio Sendero por el Valle del Palmar
Bueno, como dice el título, medio sendero porque no lo pudimos concluir. No íbamos preparados para la lluvia y tuvimos que regresar sobre nuestros pasos, sin andar siquiera, la mitad del sendero que habíamos previsto.
En la localidad del Palmar perteneciente a Buenavista del Norte, iniciamos nuestra caminata. Queríamos subir a la montaña del mismo nombre, bajar hasta el caserío de Las Lagunetas, llegar al Monte del Agua y regresar por una pista, de nuevo al Palmar, pero...
"el tiempo" nos dejó llegar sólo hasta la cima de la montaña.
En el fondo sabíamos que iba a llover y más temprano que tarde, pues unos nubarrones negros acechaban sobre el mar. Poco a poco movidos por el viento, se adentraron en el valle hasta cubrirlo todo dejando a su paso abundante lluvia y a nosotros empapados.
Como se ve en la imagen inferior, sacada en la calle de Los Llanitos, desde donde empezamos a andar, había todavía sol.
En el pueblo hay bastantes casas de arquitectura tradicional, que a mí me encantan. Muchas de ellas han sido restauradas, aunque unas con más acierto que otras.
Esta enorme bignonia anaranjada, en plena floración, cubre los muros de un jardín, detrás las montañas del macizo de Teno.
Un poco más arriba, unas señales nos indican el camino a seguir. Todavía hay alguna que otra casa dispersa.
Ahora sí, las casas van quedando atrás para dar paso a un paisaje eminentemente rural. Estamos en la misma base de la Montaña del Palmar que por este lado está totalmente abancalada. Antes de empezar a subirla nos alejamos un poquito del camino para visitar una era.
Este es el caminito que nos conduce hasta ella.
Y esta es la era que apenas se distingue. Está llena de maleza por la falta de uso. Aunque el borde de la misma coincide con la hierba más alta y seca. Un cartel nos dice: Los vecinos con propiedades en la montaña trillaban en esta era de propiedad comunal. Los cereales fueron uno de los productos más importantes en el valle. No en vano, son el ingrediente esencial del alimento básico canario: el gofio. El duro trabajo que requería este cultivo hacía que se reunieran familiares y vecinos y se ayudaran mutuamente para plantar, segar y trillar. Estas faenas agrícolas se acompañaban de versos y cantares improvisados que hacían el trabajo más ameno. En el barrio de El Palmar hubo cuatro molinos de gofio, de los que sólo queda uno en funcionamiento.
Comenzamos el ascenso...
El pueblo va quedando atrás y las nubes siguen su avance valle arriba.
A nuestra izquierda unas fincas de parras en espaldera, nos muestran sus hojas doradas, En los bordes de algunos de los bancales hay plantados pencones (opuntia maxima) y piteras (agave americana), seguramente las han plantado para sostener la tierra aunque estas plantas también tienen otros usos.
El cielo ya está totalmente gris y empiezan a caer las primeras gotas.
Uyuyuy... que nos mojamos...
A los bordes del camino también se plantarom muchas piteras, con la misma función que en los bancales, aguantar la tierra.
Para evitar la pendiente, el camino va rodeando la montaña, lo que hace que vayamos viendo el paisaje de los alrededores.
Nos encontramos con este curioso pino que ha crecido totalmente inclinado en la falda de la montaña.
Esta imagen es de cara ya al caserío de Las Lagunetas aunque la bruma no deja verlo.
En fin, un pateo pasado por agua, pero con mucho encanto.
En la localidad del Palmar perteneciente a Buenavista del Norte, iniciamos nuestra caminata. Queríamos subir a la montaña del mismo nombre, bajar hasta el caserío de Las Lagunetas, llegar al Monte del Agua y regresar por una pista, de nuevo al Palmar, pero...
"el tiempo" nos dejó llegar sólo hasta la cima de la montaña.
En el fondo sabíamos que iba a llover y más temprano que tarde, pues unos nubarrones negros acechaban sobre el mar. Poco a poco movidos por el viento, se adentraron en el valle hasta cubrirlo todo dejando a su paso abundante lluvia y a nosotros empapados.
Como se ve en la imagen inferior, sacada en la calle de Los Llanitos, desde donde empezamos a andar, había todavía sol.
En el pueblo hay bastantes casas de arquitectura tradicional, que a mí me encantan. Muchas de ellas han sido restauradas, aunque unas con más acierto que otras.
Esta enorme bignonia anaranjada, en plena floración, cubre los muros de un jardín, detrás las montañas del macizo de Teno.
Un poco más arriba, unas señales nos indican el camino a seguir. Todavía hay alguna que otra casa dispersa.
Ahora sí, las casas van quedando atrás para dar paso a un paisaje eminentemente rural. Estamos en la misma base de la Montaña del Palmar que por este lado está totalmente abancalada. Antes de empezar a subirla nos alejamos un poquito del camino para visitar una era.
Este es el caminito que nos conduce hasta ella.
Y esta es la era que apenas se distingue. Está llena de maleza por la falta de uso. Aunque el borde de la misma coincide con la hierba más alta y seca. Un cartel nos dice: Los vecinos con propiedades en la montaña trillaban en esta era de propiedad comunal. Los cereales fueron uno de los productos más importantes en el valle. No en vano, son el ingrediente esencial del alimento básico canario: el gofio. El duro trabajo que requería este cultivo hacía que se reunieran familiares y vecinos y se ayudaran mutuamente para plantar, segar y trillar. Estas faenas agrícolas se acompañaban de versos y cantares improvisados que hacían el trabajo más ameno. En el barrio de El Palmar hubo cuatro molinos de gofio, de los que sólo queda uno en funcionamiento.
Comenzamos el ascenso...
El pueblo va quedando atrás y las nubes siguen su avance valle arriba.
A nuestra izquierda unas fincas de parras en espaldera, nos muestran sus hojas doradas, En los bordes de algunos de los bancales hay plantados pencones (opuntia maxima) y piteras (agave americana), seguramente las han plantado para sostener la tierra aunque estas plantas también tienen otros usos.
El cielo ya está totalmente gris y empiezan a caer las primeras gotas.
Uyuyuy... que nos mojamos...
A los bordes del camino también se plantarom muchas piteras, con la misma función que en los bancales, aguantar la tierra.
Para evitar la pendiente, el camino va rodeando la montaña, lo que hace que vayamos viendo el paisaje de los alrededores.
Nos encontramos con este curioso pino que ha crecido totalmente inclinado en la falda de la montaña.
Esta imagen es de cara ya al caserío de Las Lagunetas aunque la bruma no deja verlo.
En fin, un pateo pasado por agua, pero con mucho encanto.
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