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sábado, 23 de noviembre de 2013
viernes, 30 de agosto de 2013
Representación de El Trueque
Vídeo de la representación de El Trueque en el noroeste de Tenerife, celebrado el pasado 17 de marzo.
El objetivo es recordar las formas de vida de antaño, como en este caso, el trueque.
La gente iba de un lugar a otro, generalmente en la misma comarca e intercambiaban sus productos, por ejemplo en esta zona de Tenerife subían andando desde Puerto Santiago las pescaderas, para en los pueblos de las medianías cambiar el pescado por verduras, hortalizas y frutas. O los cochineros de Icod el Alto que con sus mulas recorrían toda la isla ofreciendo su mercancía.
También era muy importante el intercambio de semillas, lo podemos ver es este artículo de Juan Antonio Jorge Peraza, uno de los promotores de este evento.
" Mi abuelo vino del Norte"
Mi abuelo vino del Norte a buscar semillas. Por lo visto es bueno cambiarlas de sitio, que de vez en cuando las semillas viajen. Bueno, eso le gusta a todo el mundo, conocer gente, ver otros pueblos, jugar a otros juegos. Creo que mi abuelo no buscaba precisamente ver cómo se jugaba en otros sitos, aunque tenía edad para eso cuando pasaba la Cumbre con su padre para buscar semillas. Al fin y al cabo, con doce años seguro que todavía le gustaba echarse a la calle a jugar con los demás chiquillos.
Siempre salían temprano. Su madre decía: “a quien madruga Dios le ayuda”, pero eso no era recompensa para dejar la cama calentita cuando todavía no se veía ni un “fisco” de luz en la ventana. Era duro levantarse tan temprano, pero valía la pena cuando su madre lo despedía montado en la mula como a los demás, como a una persona grande. Era cuando se ponía serio y tieso como un garrote, haciéndose el fuerte. Además, todavía podía haber brujas trasnochadas. Había que aparentar.
Cómo disfruto yo con esas historias de mi abuelo, porque me dibujan lo que había en otra época donde ahora yo voy a jugar con mis compañeros: el Camino del Valle Arriba, la Casa de Esteban el Medianero... Donde nos metíamos muchas veces a escondidas buscando tesoros era en la Casa del Patio, allí sí que me daba miedo. Pero para mi abuelo llegar a estos sitos era una alegría. Podía significar algo dulce después de haber estado comiendo sólo gofio y unas batatas frías que siempre le “enyugaban”. Aunque no todo era amargo; se emociona cuando nombra unas tortitas planas de cebada que le hacía su abuela para los viajes. Cuando salía con su padre hacia las tierras del Sur, esas tortitas eran su gran tesoro. Una vez las cuidó con tanto mimo que una le duró hasta la vuelta. ¡Sería bobo! Con el desconsuelo que pasó…
Según mi abuelo, sólo entendió el por qué de aquellos sacrificios, de tantas horas de montura, del sueño y frío en aquellas madrugadas, cuando pasados muchos años, ya viviendo en el Sur, veía algunos paisanos suyos en sus camionetas, bien trajeados, pero más tristes. Ya venían a lo que venían y se iban al Norte. No se quedaban a dormir en casa de los amigos de Vilaflor o de Guaza. Sólo venían a trabajar y se volvían a sus casas, pero esa forma de viajar no les hacía valorar los primeros rayitos de luz en la cara, cuando ya estaban llegando al Filo. Ver los campos amarillos del Sur era todo un descubrimiento. Qué diferentes eran de las huertas rojas y casi siempre verdes del Tanque o de Las Abiertas.
La amistad, por lo visto, era el mejor pasaporte en esa época, porque no había pensiones, y tener a Señor Agustín en Vilaflor o a Don Frasco en Vera de Erques…eran tantos que eso sí que se me olvida. Esos sí eran amigos, porque sabían de necesidades y por eso siempre agasajaban al padre de mi abuelo como si fuesen familia. Nunca faltaba un “fisco” de paja en el granero para tumbarse al abrigo de una manta canela con una raya blanca que, según mi abuelo, vino de Cuba. Tenía algo que ver con una revolución y unos mambises, o algo así.
Ahora, cuando escucho a mi abuelo, aunque esas historias me las ha contado muchas veces, siento desconsuelo de poder viajar por esos mundos de la Cumbre montado en mi alazán, sobre la albarda que había sido antes de su hermano mayor y antes de su tío. Ahora que recuerdo, fue la misma que yo rompí un día por ver si dentro había algo de valor. Qué pena que hubiese sido tan pequeño en aquel momento, porque ahora no lo habría hecho. Menos mal que ya he crecido.
Creo que antes la gente era más feliz, porque aunque mi abuelo me habla del frío o de que no había juguetes, tenía muchos amigos. En la Cumbre se tropezaban con las mujeres que llevaban el pescado a la cabeza; subían desde Puerto Santiago y a veces llegaban hasta Erjos, sólo para cambiarlo por papas o alguna col, o ñames. Lo que no había en un sitio había que ir a buscarlo a otro, caminando. Mi abuelo siempre se queda repitiendo: ¡caminando! ¡caminando!
Algunas veces se encontraban con los Cochineros de Icod el Alto, con unas cestas que llaman raposas donde traían cochinos chicos que ofrecían a la gente y le decían: ¡fíjese, igualito que su madre! O con el cura, que siempre les daba la bendición y al que luego brindaban con algo, con sus escrituras bajo el brazo y tirando de una burrita parda. Parece que al cura siempre le regalaban las burras más “es rengadas” porque siempre iba él tirando del animal; ir montado era un desespero para la energía del cura. Siempre de un lado a otro para dar misa o los últimos sacramentos a algún moribundo, un rosario en el otro pueblo, siempre iba apurado.
Mi abuelo venía del Norte a buscar semillas, pero dice que la mejor semilla no se la llevó, la sembró en el Sur: su familia. Sus hijos: Manuel, Hilario, Roberto; su mujer, abuela Lucrecia, a la que siempre envía un beso hacia el cielo cuando la nombra, mientras le regala alguna lagrimilla a escondidas.
Yo soy el más enano y creo que tengo una enorme suerte de tener un abuelo, porque escuchar sus historias es como tener un sabio en casa. Él me puede hablar de muchas cosas que ya no están donde yo juego, pero como él me las cuenta yo las veo y mi imaginación hace mayores las historias. Al final yo también puedo hacer magia porque veo otras aventuras donde mis compañeros sólo ven el Camino Real, vacío, medio abandonado. Además, así podré contarle aventuras a mis hijos. Pero bueno, para eso hace falta mucho tiempo.
El objetivo es recordar las formas de vida de antaño, como en este caso, el trueque.
La gente iba de un lugar a otro, generalmente en la misma comarca e intercambiaban sus productos, por ejemplo en esta zona de Tenerife subían andando desde Puerto Santiago las pescaderas, para en los pueblos de las medianías cambiar el pescado por verduras, hortalizas y frutas. O los cochineros de Icod el Alto que con sus mulas recorrían toda la isla ofreciendo su mercancía.
También era muy importante el intercambio de semillas, lo podemos ver es este artículo de Juan Antonio Jorge Peraza, uno de los promotores de este evento.
" Mi abuelo vino del Norte"
Mi abuelo vino del Norte a buscar semillas. Por lo visto es bueno cambiarlas de sitio, que de vez en cuando las semillas viajen. Bueno, eso le gusta a todo el mundo, conocer gente, ver otros pueblos, jugar a otros juegos. Creo que mi abuelo no buscaba precisamente ver cómo se jugaba en otros sitos, aunque tenía edad para eso cuando pasaba la Cumbre con su padre para buscar semillas. Al fin y al cabo, con doce años seguro que todavía le gustaba echarse a la calle a jugar con los demás chiquillos.
Siempre salían temprano. Su madre decía: “a quien madruga Dios le ayuda”, pero eso no era recompensa para dejar la cama calentita cuando todavía no se veía ni un “fisco” de luz en la ventana. Era duro levantarse tan temprano, pero valía la pena cuando su madre lo despedía montado en la mula como a los demás, como a una persona grande. Era cuando se ponía serio y tieso como un garrote, haciéndose el fuerte. Además, todavía podía haber brujas trasnochadas. Había que aparentar.
Cómo disfruto yo con esas historias de mi abuelo, porque me dibujan lo que había en otra época donde ahora yo voy a jugar con mis compañeros: el Camino del Valle Arriba, la Casa de Esteban el Medianero... Donde nos metíamos muchas veces a escondidas buscando tesoros era en la Casa del Patio, allí sí que me daba miedo. Pero para mi abuelo llegar a estos sitos era una alegría. Podía significar algo dulce después de haber estado comiendo sólo gofio y unas batatas frías que siempre le “enyugaban”. Aunque no todo era amargo; se emociona cuando nombra unas tortitas planas de cebada que le hacía su abuela para los viajes. Cuando salía con su padre hacia las tierras del Sur, esas tortitas eran su gran tesoro. Una vez las cuidó con tanto mimo que una le duró hasta la vuelta. ¡Sería bobo! Con el desconsuelo que pasó…
Según mi abuelo, sólo entendió el por qué de aquellos sacrificios, de tantas horas de montura, del sueño y frío en aquellas madrugadas, cuando pasados muchos años, ya viviendo en el Sur, veía algunos paisanos suyos en sus camionetas, bien trajeados, pero más tristes. Ya venían a lo que venían y se iban al Norte. No se quedaban a dormir en casa de los amigos de Vilaflor o de Guaza. Sólo venían a trabajar y se volvían a sus casas, pero esa forma de viajar no les hacía valorar los primeros rayitos de luz en la cara, cuando ya estaban llegando al Filo. Ver los campos amarillos del Sur era todo un descubrimiento. Qué diferentes eran de las huertas rojas y casi siempre verdes del Tanque o de Las Abiertas.
La amistad, por lo visto, era el mejor pasaporte en esa época, porque no había pensiones, y tener a Señor Agustín en Vilaflor o a Don Frasco en Vera de Erques…eran tantos que eso sí que se me olvida. Esos sí eran amigos, porque sabían de necesidades y por eso siempre agasajaban al padre de mi abuelo como si fuesen familia. Nunca faltaba un “fisco” de paja en el granero para tumbarse al abrigo de una manta canela con una raya blanca que, según mi abuelo, vino de Cuba. Tenía algo que ver con una revolución y unos mambises, o algo así.
Ahora, cuando escucho a mi abuelo, aunque esas historias me las ha contado muchas veces, siento desconsuelo de poder viajar por esos mundos de la Cumbre montado en mi alazán, sobre la albarda que había sido antes de su hermano mayor y antes de su tío. Ahora que recuerdo, fue la misma que yo rompí un día por ver si dentro había algo de valor. Qué pena que hubiese sido tan pequeño en aquel momento, porque ahora no lo habría hecho. Menos mal que ya he crecido.
Creo que antes la gente era más feliz, porque aunque mi abuelo me habla del frío o de que no había juguetes, tenía muchos amigos. En la Cumbre se tropezaban con las mujeres que llevaban el pescado a la cabeza; subían desde Puerto Santiago y a veces llegaban hasta Erjos, sólo para cambiarlo por papas o alguna col, o ñames. Lo que no había en un sitio había que ir a buscarlo a otro, caminando. Mi abuelo siempre se queda repitiendo: ¡caminando! ¡caminando!
Algunas veces se encontraban con los Cochineros de Icod el Alto, con unas cestas que llaman raposas donde traían cochinos chicos que ofrecían a la gente y le decían: ¡fíjese, igualito que su madre! O con el cura, que siempre les daba la bendición y al que luego brindaban con algo, con sus escrituras bajo el brazo y tirando de una burrita parda. Parece que al cura siempre le regalaban las burras más “es rengadas” porque siempre iba él tirando del animal; ir montado era un desespero para la energía del cura. Siempre de un lado a otro para dar misa o los últimos sacramentos a algún moribundo, un rosario en el otro pueblo, siempre iba apurado.
Mi abuelo venía del Norte a buscar semillas, pero dice que la mejor semilla no se la llevó, la sembró en el Sur: su familia. Sus hijos: Manuel, Hilario, Roberto; su mujer, abuela Lucrecia, a la que siempre envía un beso hacia el cielo cuando la nombra, mientras le regala alguna lagrimilla a escondidas.
Yo soy el más enano y creo que tengo una enorme suerte de tener un abuelo, porque escuchar sus historias es como tener un sabio en casa. Él me puede hablar de muchas cosas que ya no están donde yo juego, pero como él me las cuenta yo las veo y mi imaginación hace mayores las historias. Al final yo también puedo hacer magia porque veo otras aventuras donde mis compañeros sólo ven el Camino Real, vacío, medio abandonado. Además, así podré contarle aventuras a mis hijos. Pero bueno, para eso hace falta mucho tiempo.
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Tradiciones
martes, 16 de julio de 2013
sábado, 13 de julio de 2013
viernes, 15 de marzo de 2013
Charcas de Erjos. Tenerife
Las Charcas de Erjos fueron creadas por el hombre.
Todo empezó con la extracción de tierra en las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, para las fincas del sur de la isla.
Los huecos que quedaron se fueron llenando con el agua de la lluvia, al ser este un terreno muy impermeable.
En la actualidad son un auténtico humedal, donde podemos ver plantas acuáticas y también numerosas aves.
Todo empezó con la extracción de tierra en las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, para las fincas del sur de la isla.
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En la actualidad son un auténtico humedal, donde podemos ver plantas acuáticas y también numerosas aves.
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Canarias.,
Naturaleza
martes, 12 de marzo de 2013
Llano de Ucanca. Cañadas del Teide. Tenerife
Hace unos días subimos a Las Cañadas del Teide. Pensamos que podía haber todavía algo de nieve, aunque la verdad se ve que la que cayó fue muy efímera ya que sólo quedaba un poco en las montañas más altas: Teide, Pico Viejo, Guajara y Montaña Blanca.
De todas formas disfrutamos igual que si hubiera habido pues subir a Las Cañadas es siempre un placer.
Nos encaminamos al Llano de Ucanca. Allí dejamos el coche y empezamos a andar.
El llano de Ucanca es una planicie o llanura endorreica compuesta por materiales sedimentarios desprendidos de las paredes laterales del circo de Las Cañadas. Tiene un diámetro de 3 kilómetros aproximadamente.
Y en época de lluvias o con el deshielo se forman en él unos charcos de grandes dimensiones o lagunas que suelen durar pocos días debido a la infiltración.
La verdad tenía ganas de fotografiar estos charcos y así lo hice aunque pudimos observar que ya habían perdido mucha agua.
El día estaba soleado aunque soplaba algo de viento que levantaba la fina arena de Ucanca.
Una de las grandes retamas nos sirvió para guarecernos de este viento. Allí permanecimos un buen rato teniendo ante nosotros la impresionante vista de Echeide (Teide).
De todas formas disfrutamos igual que si hubiera habido pues subir a Las Cañadas es siempre un placer.
Nos encaminamos al Llano de Ucanca. Allí dejamos el coche y empezamos a andar.
El llano de Ucanca es una planicie o llanura endorreica compuesta por materiales sedimentarios desprendidos de las paredes laterales del circo de Las Cañadas. Tiene un diámetro de 3 kilómetros aproximadamente.
Y en época de lluvias o con el deshielo se forman en él unos charcos de grandes dimensiones o lagunas que suelen durar pocos días debido a la infiltración.
La verdad tenía ganas de fotografiar estos charcos y así lo hice aunque pudimos observar que ya habían perdido mucha agua.
El día estaba soleado aunque soplaba algo de viento que levantaba la fina arena de Ucanca.
Una de las grandes retamas nos sirvió para guarecernos de este viento. Allí permanecimos un buen rato teniendo ante nosotros la impresionante vista de Echeide (Teide).
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21:37
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Naturaleza
sábado, 2 de marzo de 2013
Planta. Cosecha. Come: Arvejas
Hace unos días hemos recogido estas arvejas (guisantes). Como la cosecha ha sido bastante buena congelamos unas pocas.
Las arvejas son sencillas de cultivar y en nuestras islas lo podemos hacer durante todo el año. Nosotros todo lo que cosechamos lo hacemos de manera ecológica, intentando buscar buenas semillas, no usar fertilizantes químicos ni pesticidas.
Animo a todos a plantar aunque sean pequeños huertos. De esta manera podremos comer más sano, ahorrar dinero, pasar ratos agradables al aire libre y además hacer ejercicio.
Las arvejas son sencillas de cultivar y en nuestras islas lo podemos hacer durante todo el año. Nosotros todo lo que cosechamos lo hacemos de manera ecológica, intentando buscar buenas semillas, no usar fertilizantes químicos ni pesticidas.
Animo a todos a plantar aunque sean pequeños huertos. De esta manera podremos comer más sano, ahorrar dinero, pasar ratos agradables al aire libre y además hacer ejercicio.
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16:02
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jueves, 28 de febrero de 2013
Frente a Frente (Radio Murión). Entrevista a Ignacio Reyes
Charla con el historiador y filólogo Ignacio Reyes para tratar distintos temas de actualidad: la crisis capitalista, la pérdida de derechos laborales, el peligro del auge del fascismo y de conceptos erróneos como "clase política", o la situación en Canarias. Presentado por Dailos González y Pedro el Gasio y con música de Calle 13, Los Chikos del Maíz con Habeas Corpus, Reincidentes y Taburiente.
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23:14
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Canarias.,
Entrevistas
domingo, 24 de febrero de 2013
Primavera en Chivisaya. Arafo
Como siempre después de la lluvia el paisaje se revitaliza. La primavera está cerca y en algunos lugares, como en chivisaya, parece que ya ha llegado....
Un día soleado, sin viento, rodeados de millares de flores....
Abejas libando en las flores, Mariposas revoloteando sobre ellas. Y yo, testigo privilegiado de este bello espectáculo.
Caminamos por la estrecha vereda bordeada de flores amarillas....
Más abajo, las cabras de Nicomedes después de pastar en la olorosa hierba, se dirigen al corral.
¡Nada es comparable con la Naturaleza!
Un día soleado, sin viento, rodeados de millares de flores....
Abejas libando en las flores, Mariposas revoloteando sobre ellas. Y yo, testigo privilegiado de este bello espectáculo.
Caminamos por la estrecha vereda bordeada de flores amarillas....
Más abajo, las cabras de Nicomedes después de pastar en la olorosa hierba, se dirigen al corral.
¡Nada es comparable con la Naturaleza!
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