viernes, 18 de febrero de 2011

Sendero: Rambla de Castro

Días atrás hicimos una pequeña excursión a La Rambla de Castro en la costa realejera.
El lugar es un pequeño paraíso.
Partimos del Mirador de San Pedro por un camino empedrado. Las recientes lluvias han hecho que el lugar esté más bonito si cabe.





En una de las vueltas del camino nos paramos a observar el mar. Hoy tiene un fuerte oleaje y desde la seguridad que nos brinda el estar lejos, miramos un largo rato este fantástico espectáculo.



En la costa del norte de Tenerife es frecuente el mar de fondo o de leva que genera estas grandes olas.



La vegetación, muy frondosa, está compuesta por multitud de endemismos destacando por su número las palmeras ( phoenix canariensis).



Había también muchísimos canarios que alegraban con sus trinos nuestro caminar.




En la imagen de arriba, un canario en plena actuación.

Pasamos bajo un gigantesco laurel de indias traído de Cuba en el siglo XIX.





Seguimos por la vereda que es muy entretenida de caminar pues en cada rincón se ve algo interesante: una planta, un pajarillo, el aroma de una hierba, el sonido del agua que es abundante en el lugar o el ruido profundo producido por las olas al chocar contra los acantilados o al arrastrar los callaos....













Pronto llegamos a la Casona de los Castro.



El nombre le viene de Hernando de Castro, un soldado que participó en la conquista de Tenerife. El adelantado Alonso Fernández de Lugo fue el encargado de la misma y en nombre de la reina Isabel de Castilla repartió las tierras de la isla y estas le tocaron al susodicho. En fin un bonito lugar pero con una historia triste, pues estas tierras al igual que las del resto de la isla les fueron arrebatadas a sus antiguos moradores, los guanches, por la fuerza de las armas.
La Casona está hoy en día en estado de abandono, aunque hace unos años fue restaurada. Por lo visto quieren hacer de ella un Centro de Visitantes. El proyecto está aprobado pero no sé si es por falta de presupuesto u otro motivo que desconozco lo que ha hecho que aún no hayan comenzado las obras.















La Casona está en un lugar envidiable, sobre el acantilado. Bajo ella la playa de Castro con el Roque de El Camello en el centro.





Desde la casa parte un sendero que nos llevará entre palmeras y una vegetación exuberante al fortín de San Fernando construido en el siglo XVIII para defenderse de los piratas.







Allí se conservan todavía tres cañones.



Hoy en día es un vistoso mirador desde el que podemos observar a la derecha la playa de La Fajana.



Quedando a nuestra izquierda la de Castro.



Volvemos sobre nuestros pasos, de nuevo, hasta La Casona, para continuar por un sendero que nos lleva por el lado opuesto y entre plataneras hasta La punta del Guindaste, lugar que tiene unas bonitas piscinas naturales.











Por una estrecha carretera asfaltada seguimos caminando, a lo lejos vemos el enorme drago del Guindaste.





Siempre entre plataneras, muy azotadas por cierto, por los fuertes vientos que tuvimos en la isla hace unos meses llegamos a un cruce de caminos.







Estos caminos nos llevarían si elegimos el de la derecha a la playa del Socorro y el de la izquierda, que es el que escogemos, a la ermita de San Pedro (s. XVI) y al mirador del mismo nombre.



Aquí damos por finalizada nuestra caminata.

He encontrado en la página de Fedac estas fotografías antiguas del lugar.







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