sábado, 14 de enero de 2012

Sendero: Puertito de Güímar - Montaña de La Mar

El Malpaís de Güímar es prácticamente el último reducto costero que se ha conservado en el Valle de Güímar, quizás también podamos meter aquí la reducida franja de Samarines en Candelaria.





Las pasadas navidades estuvimos dando un paseo, concretamente desde el Puertito de Güímar hasta poco antes de la Montaña de la Mar.
Después de dejar atrás las últimas casas y las llamadas cuevas de "Cho Regino", que por cierto, dejan mucho que desear ya que han pasado de ser unas cuevas excavadas en la roca, que en absoluto dañaban al paisaje ni a la vista, a ser un conjunto de chabolas.


Esta es una de las pocas cuevas de "Cho Regino" que se conserva prácticamente igual.

Parece que todos queremos tener una casa en la misma orilla del mar, cuando si nos apetece pasar un día de mar y playa sólo tenemos que coger un coche y recorrer muy pocos kilómetros.
Es el afán desmesurado de tener y no de ser.
Y desde luego no me refiero sólo a estas casitas sino a grandes hoteles, apartamentos, campos de golf, etc. que están construidos algunos en zonas protegidas o de gran valor natural, porque el empresario de turno pone "el ojo" en un determinado lugar que tal vez termina por ser "recalificado" urbanísticamente. ¡Qué casualidad!.
Seguimos caminando por el sendero que discurre entre extensos campos de una lava de color negro intenso o marrón, expulsada por el Volcán de Güímar o Montaña del Socorro hace unos 10.000 años. Podemos ver también numerosos tubos volcánicos que recorren el subsuelo del malpaís.



La planta más emblemática de esta zona es la tabaiba dulce, de cuyo tronco y ramas se sacaba una especie de corcho para hacer tapones. Y el látex o leche de tabaiba que era utilizado para fortalecer las encías entre otros usos.



La marea está baja y vemos entre los charcos formados en la zona intermareal, algunas aves migratorias picoteando en ellos.





Entre tanto negro destaca una zona con arenas blancas, que por cierto son de origen orgánico.







Nos encontramos con varios senderistas y con algún pescador. Pronto llegamos a unas pequeñas salinas, ya sin uso, pero que se conservan muy bien.





Para caminar por estos lugares hay que llevar un buen calzado ya que el terreno es muy agreste.
En una pequeña calita hacemos una parada. Vemos como todavía se pueden encontrar pelotitas de un tamaño considerable de piche (alquitrán), y.... ¿cómo es esto posible? pues aunque en la actualidad no llegue tanto piche a la costa si que décadas atrás era algo habitual por toda la zona Este de la isla. Por ejemplo, cuando te bañabas o estabas en la arena, seguro, seguro, que terminabas con manchas de esta sustancia negra y pegajosa, que luego tenías que limpiar (solía ser con aceite de cocina). Todo esto llegaba porque los grandes barcos petroleros limpiaban sus tanques enfrente de la costa, y esto, se permitía.
Las bolas que aún hay por aquí son el resultado del piche mezclado con la arena y la acción del mar.



Un poco más allá, no me resisto a sacar unas fotos de las rocas totalmente cubiertas de piche. Me recuerdan a las imágenes del desastre del "Prestige" en Galicia. Y pienso que en menor escala pero de una forma constante, eso ocurría aquí y ha permanecido como se ve hasta nuestros días. ¡Es qué no hay manera de limpiarlo!. Estamos hablando de un Paisaje Natural Protegido.









Continuamos un poco más pero damos la vuelta antes de llegar a la Montaña de la Mar, pronto se hará de noche y nos queda un buen rato todavía por caminar.



Eso sí, nos acompaña en todo el trayecto un bonito atardecer con la Punta de Abona, al fondo.